sábado, 29 de diciembre de 2012

El último

Cualquier cosa
que tenga un ligero sabor de fracaso
será bien recibido en esta casa.

Rellene su formulario por favor.
Mire a los lados mientras le fotografiamos.
Sí, así.

 ¿Cuántas veces piensa usted,
acerca del pasado?

¿Se sorprende a sí mismio sintiendo,
lo que sintió antaño cuando recuerda?

Permítame que le pregunte
no se encuentre por favor, incómodo
ante nuestras miradas.

¿Es una sensación agradable,
melancólica tal vez?

¿Es un placer empañado, por las sombras,
que se condensan alrededor de las certezas
de las decisiones correctas?

viernes, 28 de diciembre de 2012

Sin titulo



Me señalan porque miro al horizonte sin ningún velo.
Porque no me cubro la cara para recibir al sol.
Pero yo no puedo hacer otra cosa,
para que la claustrofobia,
no me atrape a cielo abierto.

Puedes esperar el deshielo
para que tu pelo deje de ser eléctrico y de estar erizado pero hasta entonces,
tendrás que vivir con ello.
Tendrás que vivir en la oscuridad,
Y aprender su idioma.
Dejar que el corazón no se agite cada vez que estás ciego.
Y cruzar las manos mientras el destino pasa.

Va vestido de largo,
y no quiere saber nada,
de nadie.

Tal vez lo hemos apagado todo
con nuestras manos húmedas .
Y por eso yo, sin velo, miro el ocaso,
y siento miedo.
Pero no podría hacer otra cosa ni sentir otra cosa.
Que ver cómo el destino ha perdido sus brazos,
y pasa de largo.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Después

Mi padre y mi madre libran un combate en mi pelo.

Hoy mis rizos negros susurran palabras secretas a los rubios.

Palabras de guerra.

Hoy soy rubia,
pero mañana seré morena y,
lo único que me quedará tras la guerra es un castaño acaramelado.
La tierra quemada.
Y mientras me pregunto que por qué fueron tan malos buscadores de tesoros.
Si yo soy lo que ha quedado.

Y mi madre me trenza el pelo mientras duermo.
Y mi padre le sujeta fuertemente los cabellos,
y se los ata a un clavo,
para que no se olvide de mi trenza,
antes de irse a dormir.

lunes, 10 de diciembre de 2012

San Diego

La incertidumbre es lo único,
que me une a ti.
Como un resorte no saber nada me habla.
Es la bisagra entre la cabellera de Sylvia y su cuerpo.
Un museo de espejos.

Soy un gato. Pero un buen gato nunca haría nada en contra de su amo
nunca dependería en ninguna escala.
A mí en cambio simplemente... a veces me sale bien
y a veces mal.
Y yo me miraba simplemente en el espejo. Buscando mis defectos a su lado mientras el estaba tumbado a mi lado. Su respiración era distinta de la mía. Más profunda. Más pesada. Más costosa.
Ambos lo sabíamos. Por lo menos yo, que su respiración era así de distinta a la mía.
Pero aún así, seguimos viéndonos. Sin prestar mucha atención a respiraciones.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Über zufrieden sein (sobre estar satisfecho y otras satisfacciones)

Todas las aquí recogidas por Bertolt Brech, son satisfacciones especiales en mi vida.
 (leer lentamente por favor)


Satisfacciones

La primera mirada por la ventana al levantarse,
el reencuentro con el viejo libro,
rostros entusiasmados,
nieve, el cambio de las estaciones,
el periódico,
el perro,
la dialéctica,
ducharse, nadar,
música antigua,
zapatos cómodos,
comprender,
música nueva,
escribir, plantar,
viajar,
cantar,
ser amable.



Der erste Blick aus dem Fenster am Morgen
Das wiedergefundene alte Buch
Begeisterte Geschichter
Schnee, der Wechsel der Jahreszeiten
Die Zeitung
Der Hund
Die Dialektik
Duschen, Schwimmen
Alte Musik
Bequeme Schuhe
Begreifen
Neue Musik
Schreiben, Pflanzen
Reisen
Singen
Freundlich sein.

martes, 27 de noviembre de 2012

no title

Virginia

"She sliced like a knife through everything; at the same time was outside, looking on. She had a perpetual sense, as she watched the taxi cabs, of being out, out, far out to sea and alone; she always had the feeling that it was very, very dangerous to live even one day. Not that she thought herself clever or much out of the ordinary. (...) Her only gift was knowing people almost by instinct, she thought, walking on."

Mrs Dalloway


domingo, 25 de noviembre de 2012

Dorothea and the Phantom

Birthday

La artista norteamericana conoció al pintor surrealista Max Ernst en 1942, con el que se casó cuatro años más tarde. Ella tenía trenta y dos años y él cincuenta y uno. Ese mismo año, pintó Birthday, un autorretrato.

Feliz cumpleaños para mí también.


"(...) there is more than meets the eye."

Dorothea Tanning

martes, 20 de noviembre de 2012

Conversación con mi reflejo

¿Qué pasó recién hoy?
La primera vez que no te encuentro al otro lado. ¿Te escondes acaso de mi? Yo estoy cansada en verdad. Sólo sé comer.
Como cualquier cosa que vea y después, dejo que mi rostro se desdibuje entre el vómito del arrepentido. Entiendo que no te guste esa perspectiva, entiendo que prefieras evitarme. Pero sólo por una vez, me gustaría verme de nuevo.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Fiction

Look it's really easy, it's really fine.
We can just go with it.
Start a conversation with me.
Without any ropes
or hooks.
I promise,
I will be the stranger here.
I will go and come,
never belonging to you,
or to this city.

I promise never fucking more than I should with you,
Nor less.
Published with Blogger-droid v2.0.9

domingo, 28 de octubre de 2012

La muerte de Dios según San Loriga

"Después, en otro programa con llamadas en directo, llamó una monja y dijo que había aprendido a correrse gracias a nosotros pero que todavía prefería a Dios. No te jode. Yo también prefiero a Dios."
Héroes 

viernes, 26 de octubre de 2012

Las mujeres, por Schiele




Siguiente entrega: en busca de la especifidad artística. ¿Qué tienen las mujeres de Schiele que me conmueven tanto? A lo mejor es la sensación de movimiento.


























O tal vez la del juego entre el dolor y la fragilidad.





















No, no puede ser eso, esta mujer no es frágil.

viernes, 19 de octubre de 2012

siyofuesestú


¿Juegas tú, juego yo, o jugamos todos nosotros?
Desde luego... todos estamos invitados.


Es decir,
la pérdida de la identidad de la típica figura victoriana, totalmente alienada por una educación utilitarista, plana, Anulada. 
la pérdida de la identidad de la típica figura moderna, de principios del veinte, bajo una educación autoritaria, aplastada, Anulada.
la pérdida de la identidad de la típica figura postmoderna, confusa por la sobreestimulación y el exceso de posibilidades y opciones, abrumada, Anulada.
Deconstruida.
¿Significa esta enumeración que tengo que elegir? No por supuesto, pero si eligiese, elegiría ser deconstruida.

viernes, 12 de octubre de 2012

Salomé


Soy la princesa de Judea seduciendo a mi padrastro,
soy la princesa de Judea deshonrando el cuerpo muerto de Juan Bautista,
soy la princesa de Judea,
bailando.

Y mi amor es infinito y alcanza a la muerte en su ardor.


Strauss compuso una opera para darle música a la obra teatral escrita por Oscar Wilde, que escandalizó al kaiser prusiano pero que fue un gran éxito en la ciudad austríaca de Graz. En "El Ruido Eterno" Alex Ross nos habla de la relación entre este compositor y Mahler, y las interesantes reflexiones de Alma Mahler, esposa de este último acerca de la relación que ambos músicos mantenían. Además de esto, describe el desarrollo de la propia obra.

La primera parte de Salomé se centra en la confrontación entre Salomé y el profeta Yokanaán: ella como símbolo de una sexualidad inestable, él como símbolo de una integridad ascética. Ella trata de seducirlo, él se aparta y lanza una maldición, y la orquesta, por su parte, expresa su repugnancia fascinada con un interludio en Do sostenido menor: a la manera estertórea de Yokanaán, pero en  la tonalidad de Salomé.
Creo que podría continuar citando el pasaje completo en el que Alex Ross narra la ópera, pero supongo que lo bueno si breve dos veces buenos, y así además queda destacado el reflejo que hace él de la misma Salomé, que se acerca bastante a mi propia concepción del personaje y el conflicto de la obra.

Esas mujeres repugnantes de la historia, esa Edith, esa Dalila, esa Medea, incluso María de Magdalena... ¿qué tienen en común todas ellas? ¿quiénes eran ellas realmente? Uno de mis poemas preferidos de Wyslawa Szymborska, habla sobre una de ellas y encuentro reflexiones sobre todo esto, "La Mujer de Lot"

Miré atrás dicen que por curiosidad.
Mas, curiosidad aparte, pude haber tenido otras razones.
Miré hacia atrás de pena por la fuente de plata.
Por descuido mientras ataba la correa de mi sandalia.
Para no mirar más el cogote justo
de mi esposo, Lot.
Por la súbita certeza de que si yo muriera
ni siquiera se habría detenido.
Por la desobediencia de los sumisos.
A la escucha de la persecución.
Tomada por el silencio esperando que Dios cambiara de parecer.
Nuestras dos hijas ya desaparecían detrás de la cima de la colina.
Sentí la vejez dentro de mí. La lejanía.
La vanidad de la andadura. El sueño.
Miré atrás por poner el hatillo sobre el suelo.
Miré atrás por temor a dónde dar el paso.
En mi sendero aparecieron serpientes,
arañas, ratones, polluelos de buitres.
Ya ni lo bueno ni lo malo -simplemente todo lo vivo,
reptaban y saltaba en pánico colectivo.
Miré atrás por mi soledad.
Por vergüenza de que estaba huyendo a hurtadillas.
Por ganas de gritar, de volver.
O quizá sólo arreció el viento
soltó mi cabello y me levantó el vestido.
Sentía que me miraban desde las murallas de Sodoma
y rompían en carcajadas una y otra vez.
Miré atrás por rabia.
para saciarme de su gran perdición.
Miré atrás por todas las razones arriba expresadas.
Miré hacia atrás de forma involuntaria.
Fue sólo una piedra la que se giró rugiendo bajo mi cuerpo.
Fue una grieta la que, de pronto, me cortó el camino.
En el borde un hámster se agitaba sobre sus dos patas.
Y fue entonces cuando ambos miramos atrás.
No, no. Yo seguí corriendo,
arrastrándome y levantando el vuelo,
hasta que la oscuridad cayó del cielo,
y con ella la gravilla ardiente y las avez muertas.
Por falta de aliento giré repetidas veces.
Quien lo viese habría pensado que bailaba.
No descarto que tuviera los ojos abiertos.
Es posible que me desplomara con el rostro vuelto hacia la ciudad
Traducción de Elzbieta Bortkiewitcz




 

domingo, 30 de septiembre de 2012

Dialogue


-But I still feel!

-I know! Me too!

-Then, don't say you're sorry, you grew tired. Don't...

-Don't be.

-What?

-That's what you're asking me for.

viernes, 14 de septiembre de 2012

miércoles, 12 de septiembre de 2012

The Truth


But... does it exist?
Do you promise me?
Do you really promise me?
If you told me that, I would look for it,
I swear it.
But now I see
You can't.
I won't ever ask you anything again.
I'm sorry.
We could have had ribbons
Everything would had been so beautiful
I miss something
that has no existence.
How can it be?
Everything would have been so easy
Easy peasy
Batman wouldn't have had any problems
I'm sure, the Joker would't have been crazy
I'm sure he would have been my husband
Just a normal husband.
And me too
We could have gone for long walks at the beach
But something is true, ok, you're right,
the waves wouldn't have been purer
and the beach would't have been more beautiful.

It's just... that sometimes I miss it.

Forgive me my dear,

It's just, that sometimes I'm tired.



But, it's true, you see? I smile now.
It's true,
we still have the beach


martes, 11 de septiembre de 2012

Le Plaisir



Este cuadro fue pintado por Magritte en 1927. Un año antes había pintado su primer cuadro surrealista y junto con otros dos pintores surrealistas belgas firmó dos octavillas Unos actos vergonzosos y Un par de desposorios de la Torre Eiffel.

En 1966, poco antes de fallecer, habla en su correspondencia con Michel Foucault sobre la relación entre mundo, pensamiento e imágenes:
Lo que es propio al pensamiento es la semejanza. Es semejante en tanto que ve, entiende o conoce, se convierte en lo que el mundo le ofrece.
Nos habla sobre cómo se conoce el mundo a través de los cuadros y otras obras artísticas. Cómo somos permeables a todo cuanto percibimos en tanto que lo comprendemos. Para mi gusto, Pessoa lo expresa muy bien en su Libro del desasosiego:
 
Y así, contempladores iguales de las montañas y las estatuas, disfrutando de los días como de los libros, soñándolo todo, sobre todo para convertirlo en nuestra íntima substancia.

Y si nos convertimos un poco en el mundo al pensarlo, ¿el mundo se convierte un poco en nosotros al ser pensado? Me resulta curioso que la primera frase me parece verdadera, de la segunda no estoy tan segura, y sin embargo se me antoja una tautología evidente.

Ejemplo, para explicar por qué de la segunda frase no estoy tan segura: hace poco vi Melancolía de Lars von Trier. Yo desde luego, he cambiado. ¿Pero ha cambiado Melancolía? Obviamente mi experiencia de la pelicula es distinta a la de mis compañeros y eso implica que en algo la estoy modificando, esto se da por hecho, pero... ¿y si nos preguntamos si ha cambiado Melancolía de un modo más profundo? Sin que el cambio esté atado a mi presencia. Es decir, una interpretación literal de la frase. Entonces ya... ya no me lo creo. No me cuadra que mañana en Japón alguien ponga esta película y sea distinta. Entonces, ¿hasta qué punto influye mi pensamiento (sin la intervención de mis actos) en el mundo? ¿Se puede cambiar el mundo pensándolo?

Muchas preguntas para hoy. Lo que sí sé, es que yo desde luego, he cambiado. Este cuadro, podría formar parte perfectamente del mural que Justine compone en el estudio de su hermana Julie. Esa escena de la película, es una muestra perfecta del reflejo del pensamiento en imágenes. De la simbiosis especial que existe entre arte y pensamiento, es decir, la expresión. Así que, para mi gusto, Lars von Trier, está de acuerdo con Magritte y con Pessoa.

miércoles, 15 de agosto de 2012

El juego


Yesterday they forced me to play a game and I was frightened. They say to me, describe a path, a house, a cup.
The sea.

They say describe the sea.

And I do it. And I tell them that only the water touches my ankles and that the cup is locked inside the house. That the path is hot, and that’s why the little drops condense hugging the cup. They ask me for describing a wall. Not any wall. The wall. The insurmountable. They say, from here, you won’t walk anymore. Do whatever you want. But it will be in vain.

I could shout at them because of it. Get angry and fight against the wall without trusting them but I do. I trust them. And I only scratch it for letting little stones that make up the soil get under my nails. I lean on it, and thus, I will carry the wall with me.


martes, 14 de agosto de 2012

The Flood's day


Amada, en esta noche tú te has crucificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso.
 César Vallejo, El poeta a su amada



Today I’ve seen how the death wedged his long fingers through your side. My mother is proud of me, you whispered, knowing that every word was a word less.
The blood covered my ankles already.
The hopeless stained my hands.
But, the brutality of the moment didn’t win me yet.

They hurt me so much, the two sides of my body that’s what I thought.
My both arms.
My both legs…

I wish the dust covered me,
covered everything ,
the drought flooded my face.

My lips are blended together with the color of your skin.
What misery.

What a big misery.

I pray for living far, breathe hard, and die close.



lunes, 13 de agosto de 2012

Le jour où les petits animaux ont paru

Hoy he sacado las manos de la miel, y he hecho un baúl, para ir llenándolo de esa miel y volver a meter las manos.

—¿Cuál?
—Mamá... ¿qué importancia tiene?
—Muriel, insisto en saberlo. Tu padre...
—Está bien, está bien. Me llama Miss Buscona Espiritual 1948—dijo la chica, con una risita.
J.D. Salinger, Un día perfecto para el pez plátano


Cuando sugiriendo la pederastia sugieres al mismo tiempo la añoranza y la desconexión del otro, ya sé que el relato me gusta. Me encanta. Pero cuando ya no sé si el protagonista está hablando de peces o de personas, de su visión del mundo, entonces ya estoy completamente encandilada. Luego hablar del erotismo bien conseguido, de valerte de la arena de la playa para crearlo, de unos tobillos, pues ya son extras. Ese principio tan bueno, del que ya me habían hablado. Y esos detalles, como el título del artículo que Muriel ha leído, que llenan de vida propia y de densidad al relato, que sutilmente cambian cuando ya lo has leído entero. Bueno, que además de guardarlo en el baúl, me ha resultado muy inspirador, que nada me gusta más que conjugar un buen relato con mis días. Y llenarlo todo de ficción.



Ella callaba y decía bueno. Sólo decía bueno, mientras se sujetaba ambos brazos mirando al techo. Los ojos le lagrimeaban, porque los llevaba mucho rato abiertos, y seguramente el aire de la habitación estaba viciado. Una música de fondo, de mala calidad, una escena de alguna película americana, la distraían ligeramente de la conversación, sólo de vez en cuando.
-¿Qué? Vamos, habla.
-Nada
-¿Nada?
-Nada.
-Bueno.
Él se levantó, se frotó la nuca mientras se acercaba al espejo del baño y comenzó a hacer algo que ella no alcanzaba a ver. Ella se quedó sobre la cama, sin moverse. Al cabo de un rato se encendió un cigarrillo, y tuvo que apretarse los ojos muy fuerte con los puños. Cuando él salió del baño, el cigarro aún humeaba entre sus dedos anular y corazón, prácticamente consumido, con la brasa muy cerca de su sedoso pelo, de un rubio mezclado con el color de la ceniza.
Él se acercó, se inclinó sobre ella y trató de separar sus manos de sus ojos con toda la delicadeza que pudo. Tuvo que emplear más fuerza, y mientras trataba de hacerlo sin resultar brusco, el pecho de ella comenzó a temblar de una forma que hubiera resultado imperceptible si no fuera porque él intentaba mover sus manos. Desistió. Tomo el cigarro que ya estaba prácticamente consumido, y lo apagó en un cenicero pesado que estaba junto a la joven, a la altura de su estómago. No hubiera hecho falta. Ya estaba prácticamente consumido. Después, trató de retirar con movimientos suaves la ceniza del pelo rubio y sedoso que se encontraba junto a sus rodillas, pero sólo consiguió que se perdiese entre sus rizos, y que un par de mechones se volviesen grises. Mientras, apreciaba la mueca de los labios rojos, que acompañaban el leve temblor del pecho. La nariz se arrugaba, la barbilla se contraía intentando alcanzar las comisuras. Pero él sólo podía pensar en que esas uñas rojas conjuntaban con ese carmín. Eran exactamente del mismo color. Sus ojos no podía verlos.

domingo, 12 de agosto de 2012

V

A mi no me gustaban especialmente los chicos tatuados, ni tampoco los piercings o cosas así, pero su piel morena sí, y sus ojeras también. No sé si es que me recordaba a mi tierra, tal vez, el caso es que fue como un embrujo y me acabaron gustando todos sus tatuajes y los acabé memorizando. También memoricé sus cicatrices, tenía bastantes, y yo no me atrevía a preguntarle que cómo se las había hecho porque había visto bastantes cosas raras y no tenía ganas de más.

Y así todo él me gustaba, y me gustaba chuparle y atragantarme con él, y todo era así entre nosotros, acelerado y abrupto. Y así pasamos muchas noches y se mantuvo un equilibrio extraño durante varias semanas. Cuando Miguel llamaba a la puerta una tarde, mientras yo estaba escribiendo o leyendo u observando simplemente, entonces me daba cuenta de que Rebeca esa noche no iría, y que ya me podría ir a buscar una remera para abrirle la puerta. A él le gustaba romperme las rebecas. No se si era un símbolo o simplemente que le iba, pero el caso es que me hacía saltar todos los botones y yo al día siguiente los tenía que coser de nuevo pacientemente, pensando en cuándo me los volvería a romper. Cuando ya nos conocíamos más, a veces incluso lo hacía con él aún allí, y a veces también me ayudaba. Le gustaba que le arañara. Él no lo decía, pero yo lo sabía y siempre que lo hacía el empezaba a gemir o gemía más fuerte y yo me venía. Siempre me preguntaba qué pensaría Lana, si es que de verdad era su amante, de las marcas que yo le dejaba por todas partes. Yo ya creía que no le importaría, o incluso que tal vez le ponía pelearse con una compatriota suya en el mismo terreno a golpe de uñas y a mí en poco tiempo también comenzó a excitarme ese juego. Y yo sabía que era un juego, a parte de que Rebeca misteriosamente nunca coincidía con Miguel, pronto este empezó a prestarme Cds, y ella cuando los veía ni modo. Callaba o incluso a veces sonreía (a veces la pillaba cuando salía del baño lavándome los dientes) y a mí todo cada vez me gustaba más. Rebeca y Miguel, y la omnipresencia de Lana en los hombros de Miguel, o en su pecho, que me dolía y me atraía al mismo tiempo.

En muy poco tiempo comencé a masturbarme pensando en Lana. Hacía ya bastante que la había conocido, y sólo habíamos estado juntas una media hora, así que lo que me venía a la mente era más bien una nebulosa de cabellos dorados con una ancha boca pintada, y piel pálida. Así que cuando la ví, al otro lado de mi puerta, yo jadeante y toda colorada y Miguel desnudo en la habitación diáfana en realidad no me asusté o me preocupé, sólo esperé a que ella dijera lo que era lógico, lo que me había imaginado tantas veces en mis horas muertas.

Y sorprendentemente así fue. Me tendió una mano sonriente. Yo se la estreché mientras el hombro de mi camisola se deslizaba por mi brazo y no me molesté en colocarlo. - Tanto gusto. - Le dije teatralmente y las dos sonreímos. Las rodillas se me aflojaron un poco. Era una mezcla de haber mantenido los músculos en tensión durante rato y de darme cuenta de lo que se estaba sucediendo ante mis ojos. Era como un sueño de piernas y brazos y tatuajes – Lana también tenía – y sudor y pelo y piel. 

sábado, 11 de agosto de 2012

Étouffer

Lana tenía los ojos verde oxidado y una mirada tardía. Como que primero pensaba y luego miraba.
Yo podría decir que escuchaba sus palabras, podria mentir, pero en realidad solo escuchaba a esos dos temblores verde oxidado, que me susurraban cosas impronunciables sin ningún escrúpulo.
Sus ojos eran como el tártaro.
Sus manos ardían junto a sus dos ojos para darle énfasis a todo aquello que su boca no pronunciaba.

Yo me maravillaba ante este ejercicio de estilo.

Una gota de sudor recorría un pliegue entre sus senos. Una epifanía. La eucaristía cristiana.
A veces me hablaba de que alguien la perseguía, de que tenía miedo, y mientras yo escuchaba «estoy muy cansada. Me duele la cabeza.»

A veces me decía «creo que miles de arañas trepan por mi estómago, me siento morir, doy vueltas en la cama, tratando de ignorar las miles de patitas repugnantes que me recorren. Pero no soy capaz y me tengo que arrancar la piel. Me tengo que rascar hasta que no vea los límites entre mis músculos y mis manos.

Pero hoy el blanco de sus ojos me recuerda a algo malo, y decido no comer. Simplemente me siento en silencio.


 

viernes, 10 de agosto de 2012

IV


Rebeca me los presentó como a sus amigos pero yo al principio me sentí extremadamente incómoda en su presencia y me marché en cuando tuve oportunidad. Rebequita, tal vez intuyéndolo, intentó sacar el tema esa misma noche. Ya vivíamos juntas. Mis libros ya formaban parte del mobiliario y había dejado el pisito que tenía alquilado unas cuadras más allá. Yo me mostré huidiza a sus preguntas, o intenté aparentar que no pasaba nada, que me había marchado porque verdaderamente tenía algunos mandados que hacer.

El siguiente contacto que tuve con ellos, Lana y Miguel, fue una tardecita moderadamente fría que yo estaba invirtiendo gustosamente en admirar las pinturas de mi Rebeca tumbada en el suelo del estudio. Los huesos se me congelaban, y los músculos pero a mi me daba igual. Lo que me importaba eran las pinturas y vaciarme de vida mientras observaba. Serían como las siete cuando me vi interrumpida. Alguien tocó a la puerta mm no sé, de forma sobria, o seca, más o menos.

Me levanté, y eché un vistazo a través de la mirilla mientras me desperezaba. Lo siguiente que hice fue pegar mi espalda a la puerta, como si fuera una película mismamente, y tomarme mi tiempo para respirar y pensar. Miguel. ¿Qué está haciendo aquí?

Abrí como si nada, tras haber sufrido un sobresalto al notar en mi espalda, físicamente, que de nuevo tocaba a la puerta. Sonreí y le dije «hombre Miguel, qué fue». Creo que sonó convincente. Creo que incluso le gustó, seguramente por el acento. De Miguel en lo primero que me fijé fue en sus tatuajes. Se le asomaban a las manos y al cuello como si intentaran esconderse bajo su camisa pero no cupieran, y yo me preguntaba si sería verdad. Tenía cara de colombiano, eso fue lo que pensé al conocerle, y ella parecía una gallega pero luego resultó que fue al revés. Él había nacido en Barcelona y seguramente pensé que era de Colombia porque era muy moreno y por las ojeras.

Le convidé a un café y observé como se echaba lo que me parecieron cantidades incomprensibles de azúcar en la taza, pero no dije nada y él durante un rato tampoco dijo nada, se reía, supongo que de nuestro silencio incómodo, y miraba a su alrededor como si nunca hubiera estado antes en esa casa. Sus ojos se detuvieron especialmente en el cuadro que yo había estado observando esa misma tarde y deformando con mi fijeza, y a mí de pronto me entró frío y le dije que iba a por una remera. Luego me di cuenta de que no tenía que salir de la habitación para buscar la remera y me puse aún más nerviosa. Me vestí delante de él.

Él más tarde me contó que en ese transcurso no había estado observando el cuadro, sino que había estado mirando mis movimientos mientras le daba la espalda. Mientras buscaba la rebeca en el armario de obra, cubierto por unas cortinas blancas (eso olvidé mencionarlo, pero es que está empotrado y si no lo abres sólo se pueden ver un par de telas que se confunden con la pared) y mientras me la ponía, aún de cara a la pared. «Te la pusiste como de puntillas, elevándote un poquito así mientras la pasabas por detrás de tus hombros (y cuantificó la distancia entre mis talones y el suelo con los dedos) como si para extender los brazos tuvieras que extender todo tu cuerpo, hasta los pies.» A mí me gustó mucho lo que me dijo.

Pero bueno, el caso es que entonces volvía ligeramente molesta a la zona en la que estábamos sentados, sobre el suelo, y también me daba cuenta de que era justo el sitio en donde había estado tumbada. - También – pensé.

Cuando Miguel se cansó de mirar a todas partes, como una mascota, comenzó a hablar conmigo. No hay que engañarse, lo mismo se pasó una hora en silencio el muy cabrón, aunque puede que fuera un poco menos porque yo como estaba incómoda no sabría decir... Y comenzó por contarme algo de sus gustos musicales. A mí la musica me dejaba un poco fría así que jugueteaba con unos hilillos sueltos que tenían mis jeans a la altura de las rodillas y de vez en cuando asentía o hacía algún sonido para que no sintiese que estaba hablando solo, aunque ahora que lo pienso a lo mejor tampoco le hubiera importado que no lo estuviera escuchando.

Por lo visto se estaba dedicando últimamente a escribir un libro, seguramente larguísimo y aburridísimo para mi gusto, sobre la historia del rock. Recuerdo que le dije rock o rock and roll y que me reí mucho, pero creo que él no lo entendió y sólo sonrió.

No sé cómo pasó que nos acostáramos, no sé si es que intuí que aquella noche Rebeca no iba a pasarla en casa o que igual tampoco le hubiera parecido mal encontrarnos haciéndolo pero el caso es que así fue. La pasamos sin dormir ni un segundo y ella no llegó, así que yo descubrí todos sus tatuajes, y me di cuenta de que era verdad aquello de que no le cabían.

jueves, 9 de agosto de 2012

Siete veces Years


Y una de citas, de esas cosas que sólo tienen significado para una, quizás dos. Como una especie de diario extraño, o una colección de mariposas pero sin las agujas. Eso sí, no sé por qué, me siento extraña escribiendo esto, como moviendo las manos en un bote de miel.

“Nos sorprendió el verano”
T. S. Eliot

Pongamos por ejemplo que sí sé lo que quieres decir con tus silencios. Que mis manos huecas pueden llenar un poco alguno de tus vacíos, un poco, sólo un poco, por poco que sea. Pongamos por ejemplo, que el olor a café un día inunda mi casa. Que hay arena en lo alto de este edificio, y que ya no está tan en ruinas como ceríamos.
Pongamos que sé de lo que hablo.


Pongamos que hablo de ti.


Pongamos que hablo de que no hay cadenas. Y de que las cuerdas rotas no vuelven a atarse. Que hay rosas rojas en la ventana, y rosas blancas, y rosas azules. Tal vez tengas todo un jardín, y yo descanse, dormitando sobre un cuerpo tibio. Vacios de hambre y de sed.


Pongamos que te sientes segura, y que hablo de todos nosotros, y que no busco nada más que ese hueco tibio, que compartir cosas hasta quedarnos exhaustos. Y crecer así todos los días, sin respiración, en la arena blanca de nuestra terraza. En las piedras azules de nuestras manos.

Digamos, sólo con la voz trémula que se tiene al despertar, que quieres bailar conmigo.


viernes, 1 de junio de 2012

un deux trois o lo que Crimen me inspiró

Me dura tres veces.

La primera, es la más larga. Se me agarra a los tobillos y los junta. Mira por entre mis piernas diciendo cosas que no entiendo y se ríe mucho rato.

Yo miro. Como desde una lupa. Tampoco es que vea nada, pero necesito mirar. Llenarse de asco y de duda podría ser el objetivo concreto de mi actividad pero tampoco estoy segura.
Sólo sé que miro.

Trago un poco de saliva y siento cosas en el estómago. Nos son mariposas, son más bien como pisaditas de gato. Pequeñas almohaditas arriba y abajo, que a veces me aprietan también el pecho.

En este momento concreto, podría respirar más rápido o más lento, es una cosa a mí elección. Cuando las pisadas terminan sé que la primera vez se está acabando, y entonces ya no podré respirar como quiera.

Cuando la presión entre las costillas y las venas crece se acerca lo siguiente. Es rápido y duro. Es como un golpe seco, pero que luego origina muchas vibraciones y reverberaciones en toda la carne que me cubre los huesos. Ahí ya no puedo mirar más. Los párpados se convierten en cuatro llaves, que me cubren de demasiado asco y demasiada duda. Y mis dedos son como agujitas finas que intentan atravesar todo lo que se encuentran.

Aunque esta sea más corta es la que menos me gusta. Creo.

Luego no sé. Hay como un segundo en vilo. Un segundo gigante y todo se vuelve rojo y blanco. Que es como decir que todo se vuelve rosa. Aunque no del todo. El rojo y el blanco nunca se mezclan del todo.

Será porque son cosas distintas.

Y esa sería la tercera. La menos limpia. Así, las tres están ya escritas.

viernes, 23 de marzo de 2012

Don't Freak Out

Ayer cuando estaba esperando al autobús abajo de mi casa me pareció que me había equivocado de sitio por completo. Fue sólo un momento, un instante de estos que se te escapan y al segundo sólo tienes una impresión vaga de lo que acaba de pasar.

Me miré los pies y dije: Angélica respira hondo. Y como vino se fue.

Estuve todo el día dándole vueltas a lo que había pasado sin quererlo, de arriba para abajo. Cuando estaba haciendo pis en los baños de la universidad fue cuando más intensamente lo pensé. Ahora, claro, ya me doy cuenta de por qué fue ahí. Siempre que meo en la universidad, invariablemente, recuerdo a los detectives salvajes. Me acuerdo de la parte en la que una argentina, o uruguaya, no sé, se queda encerrada en el baño de la UNAM durante la primavera del 68 mexicana. Cuenta que lee, que se baja las bragas para leer porque fue en esa postura en la que se salvó (o más o menos porque lo leí hace mucho y ya no me acuerdo bien). El caso es que yo me imagino a mí misma allí, escribiendo poemas en el papel higiénico y más tarde comiéndomelos, al papel y a los poemas. Y el caso es que leí esa novela con Virginia. Que ahora lleva treinta y cuatro días, doscientas cuarenta y cuatro palabras y tres horas lejos de aquí. Ni yo habría aguantado tanto comiendo papel higiénico.

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Prólogo:
Ejercicio para hoy: Escriba un planto o composición en prosa (si es usted cursi, o quiere tener éxito entre la crítica que gusta de lo cursi, que es casi toda, puede hacerlo en prosa lírica ), sobre la muerte de un amigo o amiga sin utilizar términos como “pena”, “siempre”, “nunca”, “muerte” “ dolorido sentir”, “memoria” e “irrepetible”. Tampoco expresiones como “fatal desamparo”, “inolvidable amistad”, “imborrable huella” o  “aquellos botellones de antaño”. Extensión: mínimo 140 caracteres, máximo: 1400 caracteres.


domingo, 18 de marzo de 2012

La Teogonía: Tres desgracias para los tres hermanos


I

Tú, el que piensas antes, ¿qué has venido a decirme? En los párpados se aprecia tu arrogancia y soberbia, la firme creencia en la traición a tus hermanos, no una sino dos veces. ¿Qué esperas de mí, el rey de los truenos, los rayos y los relámpagos? A mí debe obediencia el rey del Tártaro, al igual que aquel que atraviesa las constelaciones para traernos los Días. Si bien sabes, que en su carro de fuego yo maté al hijo de éste por deber y no por gusto, ¿cómo esperas que no venza el dolor de mi corazón para castigarte a tí, heredero del Cielo y de la Tierra? Si apenas puedo reprimir mi furia mientras veo luces allá a lo lejos en esta noche oscura, pensando lo que antepones a nosotros, a los que tú eres más semejante. Pero también ellos recibirán su castigo y tú vivirás para ver la desgracia acaecer sobre sus hombros, con las manos de Hefesto a tu espalda, y tu destino será la sangre y la regeneración eternas y tras de tí sólo habrá roca y ante tí solo habrá abismo, y será así la soledad parte de tu condena.


II

Que reciba ahora el que piensa después esta ofrenda del seno de todos los dioses. Que contemple su belleza y se regocije en ella y ya no recuerde las palabras sabias de su hermano. El Regalo de Todos sin duda será recibido y todos caerán bajo el influjo de las que son semejantes a las diosas. En su amargo no poder encontrarse, ambos sucumbirán a la pena y a la furia y ese será mi castigo para ellos, los que arañan a Gea. 


III

Tú, el primero de los que se han levantado, nunca serás lo suficiente grande para imponerte ante mí, dios de dioses. Tu frente se cubrirá de sudor soportando el peso de la gran bóveda sobre tus hombros y así tu grandeza será bien aprovechada por fin. Y así permanecerás, como el mayor pilar, al lado del jardín de tus hijas, y contemplarán ellas el esfuerzo en que habrás de permanecer por culpa de tu ambición.


jueves, 15 de marzo de 2012

III

Me gustaba sentarme a observar, con la cabeza apoyada sobre las manos y las manos sobre las rodillas flexionadas, cómo Rebeca creaba colores nuevos de otros distintos. A mí me resultaba misterioso y ella siempre decía que dependía de la hora del día que le saliera un color u otro. Todo depende de la luz, me decía sonriendo y señalaba a los amplios ventanales, que derramaban el exterior sobre el suelo del estudio desde ambos lados. El estudio era un lugar, como ya mencioné, amplio y con un colchón y una barricada hecha con libros y otros elementos (esto último no lo había mencionado) al lado de la cama, que hacía las veces de mesilla de noche y de fuerte defensivo del resto de la habitación. 

En el cuarto sólo podían encontrarse cuadros, papeles de los que servían para dibujar en todo tipo de formatos y agrupados bajo todo tipo de métodos, -en carpetas gigantes, de esas que siempre me llamaban la atención cuando me cruzaba con un estudiante de artes, en tubos largos que se sostenían de pie ellos solos y en todo tipo de blocs, cuadernos o simplemente desperdigados por todas partes-, libros (esos por lo general eran míos, si no eran de arte, de ilustraciones o de fotografía) que formaban montañitas pequeñas acá y allá y pinceles. Pinceles en vasos de agua mezclada con aguarrás, envueltos en paños manchados de dedos manchados de pintura o simplemente desperdigados.

La primera vez que vi que Rebeca se iba a dormir y dejaba un pincel sobre la pequeña mesilla improvisada (por aquel entonces sólo constituida por grandes ejemplares de distintos pintores y algunos ensayos de arte) me salió decirle, «¿pero qué te piensas, que es un boli no más?»
Las dos nos reímos mucho y después yo dejé mi propio bolígrafo al lado de su pincel e hicimos el amor hasta bien entrada la noche.

martes, 13 de marzo de 2012

II (estudio de color sin título)

Siento algo, un temblor atrás de mí. Abro los ojos para ver qué es. Me desperezo. ¿Por qué siempre escribo tan de mañana? Mis ojos son lo menos importante en este momento. Uso el tacto de mi espalda, uso los sonidos, para ver qué pasa afuera.

Alguien, cerca de mí también usa el tacto. Rebeca se mueve despacito a mi lado. Más despierta. Yo escucho en silencio sus movimientos y la oigo abrir mis nalgas y jugar con ellas. La oigo caminar por mi costado. La siento susurrar con voz enredada de por la mañana -Cesar... Buenos días Cesar -A mí me gusta cuando dice mi nombre así, acariciándolo no más y me revuelvo en silencio. 
Ella dice -Ayer no dijiste nada de los cuadros. 

Estamos en una habitación amplia, pero pequeña para ser un estudio y un dormitorio a la vez, pero aun así nos da igual. Nos tiramos rendidas todos los días sobre un colchón a su vez tirado en el suelo y somos muy felices entre las paredes blancas. Estamos presididas por el estudio de color con pintura plástica. -Oye, -me dice, -¿me has oído?
-Sí que dije Rebequita, lo que pasó fue que tú no me oíste.


lunes, 12 de marzo de 2012

Conversación


—A veces tus miradas me dan miedo.


—¿Y eso por qué?


—No sé, te miro a los ojos y pienso... un espía.

domingo, 11 de marzo de 2012

Estudio de color sin título, I

Aquí tenemos todos frío. Tres lienzos hechos con pintura plástica parece que nos protegen, que nos cubren las espaldas, pero yo siento que en realidad nos observan. Me parece que podría entrar alguien en cualquier momento y confundirnos con sus sirvientes. No, no, estoy completamente segura de que si entrara alguien en este momento pensaría que somos los siervos de este estudio de color a tres voces. 

Uno es como el Padre, el otro es como el Hijo, y el último es como el Espíritu Santo, y nosotros estamos aquí abajo. Sus esquinas superiores están bien por encima de nuestras cabezas y tenemos que elevar los ojos para mirarlas bien. Tenemos que ponernos de puntillas para llegar con la punta de los dedos, el brazo en vilo, a la parte superior de ellos. Pero por su puesto no lo haríamos. No sé como oso siquiera pensar en ello.

Bernardo dice, «qué pinturas más hermosas». Pero lo dice así, sin admiración, bajito bajito, entre susurros. Yo digo, «qué bien que pintes Rebeca », pero en realidad estoy pensando, ¡Rebeca, Rebequita! ¡Nos tienes cogidos por las pelotas!
Poco a poco me voy dando cuenta de que nadie va a poder salir igual que entró de esta habitación. Me planteo, mientras parpadeo con la vista fija en un rojo que se asoma fuerte en uno de los lienzos si debería quemar los cuadros. ¿Cómo podría librarme de este influjo extraño que me producen? ¿Soy yo o son ellos? Trago saliva y miro a ambos lados, todos están tan tranquilos, sí, trago saliva de nuevo. 

Revuelvo en mi saco, sin saber bien lo que busco en realidad, y sin apartar los ojos de la santa trinidad. ¿Es esto la belleza? Pienso, ¿son estas las cadenas con las que el mundo me demuestra que existe lo otro, y que yo estoy así de lejos, que soy así de pequeña? Ah sí, mis gafas, por ejemplo, son un buen comienzo.

Tras calzármelas me acerco un poco más. Oh, sí, pero qué curvas, qué pinceladitas tan delicadas, qué transiciones entre unos y otros. Admirable, realmente admirable. Siento a Rebeca a mi espalda, estudiando mis reacciones seguramente. Espera que tenga algo bonito que decirle tal vez. Pero a mí las palabras se me han quedado adentro, se me han bajado al estómago no sé. Si pudiera comunicarme con ella a palmadas lo haría. Le diría, qué bárbaro Rebeca, es magnífico. Estoy sinceramente impresionada. Estoy sobrecogida.

Hay una estela de sangre si empiezas a mirarlo por el final. Es tierra mezclada con sangre. En el de la izquierda la sangre es azul, y en el de la derecha la sangre es amarilla. En el centro, es roja.

Si empiezas por el cielo ves manchas grises que son las nubes en el primero. Y en el tercero son manchas desvalidas, jirones sueltos entre mucho cielo naranja que lo empapa todo y que atraviesa estas nubes. En el centro, el cielo es como negro y las nubes son blancas.

Entre la tierra y el cielo, qué hermoso decirlo en este orden, hay todo tipo de cuerpos en distintas posiciones. En el centro todos están muertos, son cuerpos blancos manchados de rojo, y la sangre es seca y oscura en algunas partes de sus cuerpos. Sorprendentemente, el rojo no se hace rosa en contacto con el blanco, si no que permanece así, seco y oscuro. A lo mejor esto es normal, pero yo no sé mucho de pintura y me sorprende. Es una escena de guerra. En el primero es invierno, en el tercero es verano, y en el segundo solamente hay guerra. No hay sangre azul por la que escaparse en ese, no hay jirones rodeados de un cielo naranja eléctrico en los que refugiarse. 
Solamente guerra.

Ay Rebeca, Rebequita. Tú puedes conmigo, pienso. ¿Qué me quieres decir? ¿Qué me quieren decir los tres jinetes cromáticos? Busco un papel otra vez en el saco. Y no encuentro nada. Pero necesito poner algo en algún sitio mientras veo esto, no sé, podría escribir en la pared, al lado de uno de los cuadros, Guadalupe estuvo aquí, pero me resulta demasiado vulgar, así que extiendo el brazo. Lo miro empuñando el boli y sin haber escrito siquiera levanto tímidamente mis dedos. Tenso la parte baja de mis piernas y convierto la punta de mis pies en mi único apoyo (que es lo mismo que decir que me pongo de puntillas) y con la mano que me queda libre, la que no sujeta el boli, llego hasta el borde superior del cuadro. Así, toda estirada, palpo con los dedos y me siento morir. Rebusco, con el tacto como cuando intentas encontrar algo en una estantería que te queda demasiado alta para mirar. 

Rebeca se acerca a mí y pasa la mano por el costado hasta tocarme un pecho. Qué extravagante eres Rebequita pienso yo, pero no puedo pronunciarlo.





viernes, 9 de marzo de 2012

Quotidien I

Hoy el despertar me ha dolido.
Porque ha sido el despertador quien me ha llamado y todavía no eran horas.
Lo he apagado. Me he enredado en sus brazos y he decidido dormir un poco más.
Pronto he comprobado que eso a él no le parecía tan buen plan.
Lo de no levantarse sí.
Lo de dormir no.

jueves, 8 de marzo de 2012

, Psique, Eros, Capitolini o El Abrazo


 Lo que me gusta es cómo le toca la cara. Cómo está toda cubierta. Cómo las telas de piedra son telas y la carne es carne. Cómo los cuellos son más blancos que el resto. 

De ella me gustan su estómago, sus pies y su nombre. De él también me gusta su nombre, pero también sus manos.

Pero sobre todo. Sobre todo me gusta cómo se tocan.

Yo quiero tocar así todos los días.

lunes, 5 de marzo de 2012

Aquí todavía estás cumpliendo años





















Antes de ser un secreto era una duda.

Y aún antes,
era un rostro.

Tenia piernas y manos.

Brazos y estómago.

Tenía curvas,
tenía caminos.

Y ahora.
Después de todo eso.

Soy una mentira.

(Foto. la Polonais)

miércoles, 22 de febrero de 2012

Voy a moler tu cuerpo

Todos indios con miradas negras,
todos me siguen y me apedrean entre todos,
entre todos, me buscan y al amanecer me encuentran,

y me apalean.

sábado, 18 de febrero de 2012

Eau

Estás de pie sobre el suelo blanco y brillante. El agua cae y tú dejas que caiga.

Deja que caiga. El suelo se mancha de sangre y de suciedad, es mejor que se manche a que sigas manchada tú. Los gritos se desgranan en tus oídos y las conversaciones se mezclan.

"Sí, si no, no estaríamos hablando, nunca te habría conocido, no habríamos hecho de esto un lugar común. Aunque en realidad seguimos siendo desconocidos."

Toses, la garganta se te araña mientras frotas compulsivamente una de tus manos. Poco a poco las células muertas se van cayendo. Las tuyas y las suyas, y dejan paso a las células vivas, que a fuerza de frotar lentamente se van despegando también. Se llaman culpa, hambre, desidia y fuerza, y se van cayendo mientras les pones nombre. Chantaje y Miedo.

No sabes ponerle nombre a todas las cosas. Sólo conoces algunos.
Y mientras la piel se desprende tú gruñes. Aprietas los dientes. Dejas caer lágrimas. Pero lo único importante es el movimiento de tus manos, la una contra la otra. Contra el brazo y las piernas, pecho. Espalda.

El rostro es lo que más duele. La piel se enrojece algo antes que el resto, lo sabes porque lo notas. Imaginas cada ápice de tu piel gritando. Llorando entre sus hermanos porque no les das tregua. Pero tu permaneces firme, frotando frotando. Hasta que sólo sientas llamas.

Las lágrimas te escuecen en las mejillas. Será porque son saladas. Te enfrentas de cara al agua, para que se lleve también la sal consigo. Hay que ponerle el sello de la eternidad a lo nuestro. Hay que acabar con este rencor y esta duda. Ojalá tu cuerpo fuera soluble, piensas mientras arrastras el suyo contigo.

Fissures (I)

Lo que no tienes que dejar es que piensen, que piensen por ti, delante de ti, detrás de ti y a los lados. Diferénciate.

Busca una grieta entre sus manos y atraviésala violentamente. Asesina su inocencia. ¿Cómo puedes encontrar los límites entre ellos y tú? Sin duda la primera vez es traumática. Pero el resto se te olvida. Y ya a partir de entonces no puedes evitar establecer esa línea muda que te proteja de Ellos. Delimitarte.


Como cuando adivinas formas en las vetas de la madera. Una vez encuentras esa cara tan horripilante ya nunca te abandona. Intentas no mirar. Te prometes a ti mismo que si no piensas en ello estarás a salvo. Cierras los ojos y tal vez incluso te tapas la cabeza con las sábanas. Pero la cara ahí sigue. Palpitando presencia. Derrochando temor y promesas de mundos oscuros y escondidos.

En ellos, como en Ellos, puedes encontrarte a ti también distinto. También oscuro. ¿Por qué no te enfrentas a este espejo de muerte? 




viernes, 17 de febrero de 2012

Neighbourhood Threat


Es tan sorprendente tener un seguidor y me han gustado sus escritos tanto que me he sentido muy inspirada por él. Para que se vea que aquí hay trato familiar, como en los pequeños comercios. Me he tomado la libertad de añadir una dimensión nueva a uno de sus microrrelatos. 
(La Puerta II)



Le escuchaba todas las noches. Me acurrucaba en la cama, pegada a la pared y permanecía en silencio, concentrada en sus palabras con la boca entreabierta. A veces gritaba, otras veces hablaba lenta y monótonamente. Cuando lo hacía de este modo, yo me dormía arrullada por su profunda voz grave.

Siempre solo, siempre el silencio por respuesta. A mí me entraban a veces ganas de golpear la pared, de gritarle que dejase de ser tan cobarde y se enfrentase a ella cuando llegase a casa. Me imaginaba a mí misma una y otra vez, saliendo en pijama como en trance al rellano de mi escalera, llamando a su puerta. Ojos hinchados y entrecerrados. Boca entreabierta. Hola.

Pero siempre callaba, como esa estatua invisible de su esposa, con la que hablaba cuando estaba solo en casa.

jueves, 16 de febrero de 2012

Colección de Palabras que he de usar:

Aquí voy a ir apuntando y tachando cosas o trocitos de cosas que quiero usar, porque me han gustado, porque me han llamado la atención, por como suenan, por lo que significan... me gustan las listas.


· neighbourhood threat

· nostril

· Fall in love with me (toda la canción)

· Todo tipo de prendas de plástico

· Martín

· sweet sixteen in leather boots, body and soul

· Fricción

· Menis

· Anfitrite

· Saturno y sus 71 lunas

Chuk o l'Etranger


¿Qué estás buscando? Las gracias de vivir entre desconocidos se acaban rápido. Por lo menos hablo la misma lengua que ellos. Ves, ya empieza a haber una línea invisible, no sé quién ha empezado. Yo y ellos. Ellos y yo. 
Intentas esconder tu cara entre las páginas de la Odisea, la Ilíada. No sé que es más apropiado para lo que estás viviendo, la verdad. De repente se te ocurre la estúpida idea de leer algo en francés. 
Creo que voy a leer un rato a Palahniuk, le echo de menos. Necesito que alguien me escupa.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Passage pour piétons


Cruzó el paso de cebra en diagonal, para así ahorrar tiempo. Pero conforme lo recorría, la trayectoria que se formaba respecto a su cuerpo se iba haciendo más oblicua al borde de la carretera, hasta que quedó caminando a su lado. Sin llegar a cruzarlo. Como las asíntotas, que se juntan con el eje X o el Y en el infinito y hasta entonces permanecen a un lado.

Frené mientras veía cómo se convertía en una mata de pelo dorado volando por encima de mi parabrisas. Apareció una raja perpendicular a la linea de la nariz. Se me partió. Alrededor todo tomó un color amoratado. Acompañado por una fuerte sensación punzante y de presión. Sensación de que me la habían partido.

Sus piernas. En forma de V invertida sobre mi cristal delantero. Nunca se me olvidarán. Una de sus rodillas raspada lo manchaba todo de sangre. Llevaba falda, de gasa, con vuelo, que le cubría los muslos y se detenía ante el líquido caliente y oscuro, como asustado. Estaba depilada. Me quedé ahí, observando mientras susurraba. Más tarde me di cuenta de que rezaba.

Cuando desperté pensaba en ellas, en esas piernas. Oía ruido a mi alrededor y al poco me di cuenta de que el ruido estaba dentro, en mi cabeza. Tantee comprobando la sensibilidad de mis dedos. Todo estaba en orden. Excepto por la sensación de presión en la nuca. En las sienes. En la nariz.

Miré a mi alrededor, aún desorientado. A mi derecha colgaba un botón del que colgaba un cable hacia alguna parte. La vista no me alcanzaba. Debía ser el botón para llamar a las enfermeras. El botón de llorar. Porque has partido dos piernas tan hermosas y sobrecogedoras que te duele especialmente haberlo hecho. Más allá del compromiso que supone, claro está. 

¿Dónde estarán ahora? ¿Congeladas en algún cajón? Tal vez aún palpitantes y sangrantes sobre alguna tabla de acero esterilizada. Has salido de tu primer accidente de tráfico ileso, ahora tienes que dar las gracias e ir a por ellas. Come y calla. Corre.