Todos indios con miradas negras,
todos me siguen y me apedrean entre todos,
entre todos, me buscan y al amanecer me encuentran,
y me apalean.
miércoles, 22 de febrero de 2012
sábado, 18 de febrero de 2012
Eau
Estás de pie sobre el suelo blanco y brillante. El agua cae y tú dejas que caiga.
Deja que caiga. El suelo se mancha de sangre y de suciedad, es mejor que se manche a que sigas manchada tú. Los gritos se desgranan en tus oídos y las conversaciones se mezclan.
"Sí, si no, no estaríamos hablando, nunca te habría conocido, no habríamos hecho de esto un lugar común. Aunque en realidad seguimos siendo desconocidos."
Toses, la garganta se te araña mientras frotas compulsivamente una de tus manos. Poco a poco las células muertas se van cayendo. Las tuyas y las suyas, y dejan paso a las células vivas, que a fuerza de frotar lentamente se van despegando también. Se llaman culpa, hambre, desidia y fuerza, y se van cayendo mientras les pones nombre. Chantaje y Miedo.
No sabes ponerle nombre a todas las cosas. Sólo conoces algunos.
Y mientras la piel se desprende tú gruñes. Aprietas los dientes. Dejas caer lágrimas. Pero lo único importante es el movimiento de tus manos, la una contra la otra. Contra el brazo y las piernas, pecho. Espalda.
El rostro es lo que más duele. La piel se enrojece algo antes que el resto, lo sabes porque lo notas. Imaginas cada ápice de tu piel gritando. Llorando entre sus hermanos porque no les das tregua. Pero tu permaneces firme, frotando frotando. Hasta que sólo sientas llamas.
Las lágrimas te escuecen en las mejillas. Será porque son saladas. Te enfrentas de cara al agua, para que se lleve también la sal consigo. Hay que ponerle el sello de la eternidad a lo nuestro. Hay que acabar con este rencor y esta duda. Ojalá tu cuerpo fuera soluble, piensas mientras arrastras el suyo contigo.
Deja que caiga. El suelo se mancha de sangre y de suciedad, es mejor que se manche a que sigas manchada tú. Los gritos se desgranan en tus oídos y las conversaciones se mezclan.
"Sí, si no, no estaríamos hablando, nunca te habría conocido, no habríamos hecho de esto un lugar común. Aunque en realidad seguimos siendo desconocidos."
Toses, la garganta se te araña mientras frotas compulsivamente una de tus manos. Poco a poco las células muertas se van cayendo. Las tuyas y las suyas, y dejan paso a las células vivas, que a fuerza de frotar lentamente se van despegando también. Se llaman culpa, hambre, desidia y fuerza, y se van cayendo mientras les pones nombre. Chantaje y Miedo.
No sabes ponerle nombre a todas las cosas. Sólo conoces algunos.
Y mientras la piel se desprende tú gruñes. Aprietas los dientes. Dejas caer lágrimas. Pero lo único importante es el movimiento de tus manos, la una contra la otra. Contra el brazo y las piernas, pecho. Espalda.
El rostro es lo que más duele. La piel se enrojece algo antes que el resto, lo sabes porque lo notas. Imaginas cada ápice de tu piel gritando. Llorando entre sus hermanos porque no les das tregua. Pero tu permaneces firme, frotando frotando. Hasta que sólo sientas llamas.
Las lágrimas te escuecen en las mejillas. Será porque son saladas. Te enfrentas de cara al agua, para que se lleve también la sal consigo. Hay que ponerle el sello de la eternidad a lo nuestro. Hay que acabar con este rencor y esta duda. Ojalá tu cuerpo fuera soluble, piensas mientras arrastras el suyo contigo.
Fissures (I)
Lo que no tienes que dejar es que piensen, que piensen por ti,
delante de ti, detrás de ti y a los lados. Diferénciate.
Busca una grieta entre sus manos y atraviésala violentamente. Asesina su inocencia. ¿Cómo puedes encontrar los límites entre ellos y tú? Sin duda la primera vez es traumática. Pero el resto se te olvida. Y ya a partir de entonces no puedes evitar establecer esa línea muda que te proteja de Ellos. Delimitarte.
Como cuando adivinas formas en las vetas de la madera. Una vez encuentras esa cara tan horripilante ya nunca te abandona. Intentas no mirar. Te prometes a ti mismo que si no piensas en ello estarás a salvo. Cierras los ojos y tal vez incluso te tapas la cabeza con las sábanas. Pero la cara ahí sigue. Palpitando presencia. Derrochando temor y promesas de mundos oscuros y escondidos.
En ellos, como en Ellos, puedes encontrarte a ti también distinto. También oscuro. ¿Por qué no te enfrentas a este espejo de muerte?
Busca una grieta entre sus manos y atraviésala violentamente. Asesina su inocencia. ¿Cómo puedes encontrar los límites entre ellos y tú? Sin duda la primera vez es traumática. Pero el resto se te olvida. Y ya a partir de entonces no puedes evitar establecer esa línea muda que te proteja de Ellos. Delimitarte.
Como cuando adivinas formas en las vetas de la madera. Una vez encuentras esa cara tan horripilante ya nunca te abandona. Intentas no mirar. Te prometes a ti mismo que si no piensas en ello estarás a salvo. Cierras los ojos y tal vez incluso te tapas la cabeza con las sábanas. Pero la cara ahí sigue. Palpitando presencia. Derrochando temor y promesas de mundos oscuros y escondidos.
En ellos, como en Ellos, puedes encontrarte a ti también distinto. También oscuro. ¿Por qué no te enfrentas a este espejo de muerte?
viernes, 17 de febrero de 2012
Neighbourhood Threat
Es tan sorprendente tener un seguidor y me han gustado sus escritos tanto que me he sentido muy inspirada por él. Para que se vea que aquí hay trato familiar, como en los pequeños comercios. Me he tomado la libertad de añadir una dimensión nueva a uno de sus microrrelatos.
(La Puerta II)
Le escuchaba todas las noches. Me acurrucaba en la cama, pegada a la pared y permanecía en silencio, concentrada en sus palabras con la boca entreabierta. A veces gritaba, otras veces hablaba lenta y monótonamente. Cuando lo hacía de este modo, yo me dormía arrullada por su profunda voz grave.
Siempre solo, siempre el silencio por respuesta. A mí me entraban a veces ganas de golpear la pared, de gritarle que dejase de ser tan cobarde y se enfrentase a ella cuando llegase a casa. Me imaginaba a mí misma una y otra vez, saliendo en pijama como en trance al rellano de mi escalera, llamando a su puerta. Ojos hinchados y entrecerrados. Boca entreabierta. Hola.
Pero siempre callaba, como esa estatua invisible de su esposa, con la que hablaba cuando estaba solo en casa.
jueves, 16 de febrero de 2012
Colección de Palabras que he de usar:
Aquí voy a ir apuntando y tachando cosas o trocitos de cosas que quiero usar, porque me han gustado, porque me han llamado la atención, por como suenan, por lo que significan... me gustan las listas.
·neighbourhood threat
· nostril
· Fall in love with me (toda la canción)
· Todo tipo de prendas de plástico
· Martín
· sweet sixteen in leather boots, body and soul
· Fricción
· Menis
· Anfitrite
· Saturno y sus 71 lunas
·
· nostril
· Fall in love with me (toda la canción)
· Todo tipo de prendas de plástico
· Martín
· sweet sixteen in leather boots, body and soul
· Fricción
· Menis
· Anfitrite
· Saturno y sus 71 lunas
Chuk o l'Etranger
¿Qué estás buscando? Las gracias de vivir entre desconocidos se acaban rápido. Por lo menos hablo la misma lengua que ellos. Ves, ya empieza a haber una línea invisible, no sé quién ha empezado. Yo y ellos. Ellos y yo.
Intentas esconder tu cara entre las páginas de la Odisea, la Ilíada. No sé que es más apropiado para lo que estás viviendo, la verdad. De repente se te ocurre la estúpida idea de leer algo en francés.
Creo que voy a leer un rato a Palahniuk, le echo de menos. Necesito que alguien me escupa.
miércoles, 15 de febrero de 2012
Passage pour piétons
Cruzó
el paso de cebra en diagonal, para así ahorrar tiempo. Pero conforme
lo recorría, la trayectoria que se formaba respecto a su
cuerpo se iba haciendo más oblicua al borde de la carretera, hasta que quedó caminando a su lado. Sin llegar a cruzarlo. Como las asíntotas, que se juntan con el eje X o el Y en el infinito y hasta entonces permanecen a un lado.
Frené
mientras veía cómo se convertía en una mata de pelo dorado volando
por encima de mi parabrisas. Apareció una
raja perpendicular a la linea de la nariz. Se me partió. Alrededor todo tomó un
color amoratado. Acompañado por una fuerte sensación
punzante y de presión. Sensación de que me la habían
partido.
Sus
piernas. En forma de V invertida sobre mi cristal delantero. Nunca se
me olvidarán. Una de sus rodillas raspada lo manchaba todo de
sangre. Llevaba falda, de gasa, con vuelo, que le cubría los muslos y se detenía ante el líquido caliente y oscuro, como asustado. Estaba depilada. Me quedé ahí, observando
mientras susurraba. Más tarde me di cuenta de que rezaba.
Cuando desperté pensaba en ellas, en esas piernas. Oía ruido a mi alrededor y al poco me di cuenta de que el ruido estaba dentro, en mi cabeza. Tantee comprobando la sensibilidad de mis dedos. Todo estaba en orden. Excepto por la sensación de presión en la nuca. En las sienes. En la nariz.
Miré a mi alrededor, aún desorientado. A mi derecha colgaba un botón del que colgaba un cable hacia alguna parte. La vista no me alcanzaba. Debía ser el botón para llamar a las enfermeras. El botón de llorar. Porque has partido dos piernas tan hermosas y sobrecogedoras que te duele especialmente haberlo hecho. Más allá del compromiso que supone, claro está.
¿Dónde estarán ahora? ¿Congeladas en algún cajón? Tal vez aún palpitantes y sangrantes sobre alguna tabla de acero esterilizada. Has salido de tu primer accidente de tráfico ileso, ahora tienes que dar las gracias e ir a por ellas. Come y calla. Corre.
Le Mot
Sólo escribiendo sin miedo se puede escribir algo de verdad. Por eso estoy aquí, escondida.
Hoy estaba en clase. Me hablaban de la objetividad, la claridad, la precisión... La pulcritud.
Hay que evitar: los juicios subjetivos, opiniones personales, polemizar...
Por encima de todo podría decirse que habría que evitar decir algo y que se viese que eres tú quien lo dice. El texto perfecto debería ser entonces la máscara perfecta. Desvinculada de ti y todo lo tuyo. Y si algún día se diese la circunstancia de que os encontraseis debes actuar como si tú no hubieses parido ese conjunto de letras, mirar para otro lado. Tratarle como si no fuera uno de tus vástagos, con imparcialidad y frialdad. Pulcramente.
Creo que yo sólo soy culpable de mirar para otro lado.
Hoy estaba en clase. Me hablaban de la objetividad, la claridad, la precisión... La pulcritud.
Hay que evitar: los juicios subjetivos, opiniones personales, polemizar...
Por encima de todo podría decirse que habría que evitar decir algo y que se viese que eres tú quien lo dice. El texto perfecto debería ser entonces la máscara perfecta. Desvinculada de ti y todo lo tuyo. Y si algún día se diese la circunstancia de que os encontraseis debes actuar como si tú no hubieses parido ese conjunto de letras, mirar para otro lado. Tratarle como si no fuera uno de tus vástagos, con imparcialidad y frialdad. Pulcramente.
Creo que yo sólo soy culpable de mirar para otro lado.
martes, 14 de febrero de 2012
Chaussette
Kiss me till the morning light, the morning light... Kiss me till the morning light...
El inglés también me gusta. Y también lo hablo, pero menos.
Por ejemplo, ¿qué significa downfall? No sé.
En fin, en cualquier caso... Felicidades a todos.
Chaussette
Sabía que podía desaparecer en cualquier momento de aquella estancia. En cuanto él hiciese de nuevo la cama, alisando todos los plieges, dejando dos bonitos cojines sobre ella tras ahuecarlos con tres palmadas, ella ya estaría un poco menos allí. Ya se sentía transparente.
Poco a poco él iría recogiendo su ropa desparramada. Comprobaría que no se encontraba ningún pelo rojizo entre sus pliegues y la reuniría toda en la cesta de la ropa sucia. A veces me imaginaba que era un calcetín e iba a parar allí entre sus idas y venidas. Me preguntaba que harían conmigo una vez descubriesen que era un calcetín impar. Tal vez tirarme. Tal vez ella, me tejería uno nuevo, con todo su cariño y su buena voluntad.
Pero sabía que lo más inaceptable de todo llegaría cuando se metía en la ducha. Ya estaba bajo el agua siempre que me iba. Escondiéndose de mí y escondiendo mis huellas. Champú, gel hidratante. Aftershave tal vez. Psé. Tendría que lavarse las hormonas de la sangre para borrarme del todo, pensaba yo en el ascensor. Invariablemente. Me miraba las manos. Las uñas rojas. Siempre justo antes de llegar al bajo.
Pero hoy había algo distinto. Algo que se le había escapado a la boca succionadora de evidencias. Un calcetín desparejado. Felíz San Valentín. Delicadamente perfumado. Tan absolutamente vulgar que nunca podría resultar inculpatorio. Bajo la almohada de ella. Y bajo la de él, de un tipo distinto. Azul marino, de esos de ejecutivo.
En la parada del autobús, observaba ausente el calcetín de hombre que llevaba en mi pie derecho.
"Samson came to my bed, told me that my hair was red..." (Regina Spektor)
El inglés también me gusta. Y también lo hablo, pero menos.
Por ejemplo, ¿qué significa downfall? No sé.
En fin, en cualquier caso... Felicidades a todos.
Chaussette
Sabía que podía desaparecer en cualquier momento de aquella estancia. En cuanto él hiciese de nuevo la cama, alisando todos los plieges, dejando dos bonitos cojines sobre ella tras ahuecarlos con tres palmadas, ella ya estaría un poco menos allí. Ya se sentía transparente.
Poco a poco él iría recogiendo su ropa desparramada. Comprobaría que no se encontraba ningún pelo rojizo entre sus pliegues y la reuniría toda en la cesta de la ropa sucia. A veces me imaginaba que era un calcetín e iba a parar allí entre sus idas y venidas. Me preguntaba que harían conmigo una vez descubriesen que era un calcetín impar. Tal vez tirarme. Tal vez ella, me tejería uno nuevo, con todo su cariño y su buena voluntad.
Pero sabía que lo más inaceptable de todo llegaría cuando se metía en la ducha. Ya estaba bajo el agua siempre que me iba. Escondiéndose de mí y escondiendo mis huellas. Champú, gel hidratante. Aftershave tal vez. Psé. Tendría que lavarse las hormonas de la sangre para borrarme del todo, pensaba yo en el ascensor. Invariablemente. Me miraba las manos. Las uñas rojas. Siempre justo antes de llegar al bajo.
Pero hoy había algo distinto. Algo que se le había escapado a la boca succionadora de evidencias. Un calcetín desparejado. Felíz San Valentín. Delicadamente perfumado. Tan absolutamente vulgar que nunca podría resultar inculpatorio. Bajo la almohada de ella. Y bajo la de él, de un tipo distinto. Azul marino, de esos de ejecutivo.
En la parada del autobús, observaba ausente el calcetín de hombre que llevaba en mi pie derecho.
"Samson came to my bed, told me that my hair was red..." (Regina Spektor)
Jugement
Y estaba, en último lugar, aquel asunto.
En realidad, era una petición totalmente legítima, bastante dentro de lo normal teniendo en cuenta a lo que les tenía acostumbrados. Y el caso era, que le costaba decir que sí. La palabra se le quedaba pegada a la lengua y no acababa de salir a la superficie. Tenía que decir algo, que quejarse, que gruñir ante lo que le proponían, si no habría sido una batalla demasiado fácil. Si no, no demostraría quién le da permiso a quién.
Guardó silencio, examinando el rostro que tenía delante. Sí, decididamente no podía ser. Al menos no hoy, las cosas hay que hacerlas bien. No había que andarse con prisas.
"Mira, mejor le damos una vuelta, y lo pensamos." Me resisto, pero no sé cómo decirtelo. La duda me impide alargar la mano, se queda ahí, simplemente ahí, aterida.
"No, no, no digas nada." Te interrumpo, no tengo ganas de discutir. No tengo ganas de que me enumeres todas tus premisas lógicas, no tengo ganas de que llegemos juntos a una conclusión lógica. "Dejalo mira, las cosas hay que hacerlas bien" Te digo, alecionándote. "Se puede hacer," continúo. "Pero hay que esperar." Sentencio.
Sentencio. Y tú te das la vuelta. Y yo siento cierta satisfacción de que regreses con las manos vacías y los elementos hayan evidenciado quién cuida de quién. Aunque sea un chicle pegado en un zapato. Aunque seas un perro.
Todo tiene que hacerse como debe hacerse.
En realidad, era una petición totalmente legítima, bastante dentro de lo normal teniendo en cuenta a lo que les tenía acostumbrados. Y el caso era, que le costaba decir que sí. La palabra se le quedaba pegada a la lengua y no acababa de salir a la superficie. Tenía que decir algo, que quejarse, que gruñir ante lo que le proponían, si no habría sido una batalla demasiado fácil. Si no, no demostraría quién le da permiso a quién.
Guardó silencio, examinando el rostro que tenía delante. Sí, decididamente no podía ser. Al menos no hoy, las cosas hay que hacerlas bien. No había que andarse con prisas.
"Mira, mejor le damos una vuelta, y lo pensamos." Me resisto, pero no sé cómo decirtelo. La duda me impide alargar la mano, se queda ahí, simplemente ahí, aterida.
"No, no, no digas nada." Te interrumpo, no tengo ganas de discutir. No tengo ganas de que me enumeres todas tus premisas lógicas, no tengo ganas de que llegemos juntos a una conclusión lógica. "Dejalo mira, las cosas hay que hacerlas bien" Te digo, alecionándote. "Se puede hacer," continúo. "Pero hay que esperar." Sentencio.
Sentencio. Y tú te das la vuelta. Y yo siento cierta satisfacción de que regreses con las manos vacías y los elementos hayan evidenciado quién cuida de quién. Aunque sea un chicle pegado en un zapato. Aunque seas un perro.
Todo tiene que hacerse como debe hacerse.
Ouverture
Bueno, tengo hasta mil doscientos caracteres. Me llamo Justine, soy mitad francesa mitad española. Para celebrar mi llegada a España he decidido inaugurar este blog. Secreto. Con la promesa de escribir todo lo que se me ocurra escribir.
Cruzad los dedos.
Esto es lo que pone en mi perfil, me voy a explayar un poco más. Mi español es muy bueno, porque mi madre es profesora y fui a un colegio bilingue, en el que estudiaba y hacía exámenes en español. Es fantástico poder explayarse sobre la vida de uno porque nadie sabe quién es uno. Además, no conservo amigos del colegio franco-español, así que ninguna de mis personas cercanas (no consanguineas) saben español. Así que soy libre. Guau.
Además, leía mucho en español de pequeña. Estaba obsesionada con que el español sonaba mucho mejor que el francés así que todo quería que fuese en esa lengua. Incluso libros franceses. He leído a Proust en español. Mi profesora de literatura pensaba que no entendía nada. ¡Leer a Proust en español! ¡Una francesa! ¡Molière! ¡Maupassant! Se debatía entre el placer que le producía que a mi edad leyera a los grandes y la indignación. A los autores de mi adolescencia los llamaré para siempre los grandes mancillados.
También he leído a Amelie Nothomb en español. No permitía que a mis manos llegara nada en francés. Mi familia española me facilitaba el trabajo. Ellos eran los que leían, al contrario de lo que cabría esperar según estereotipos muy asentados.
Así que ahora me veo en la obligación de sacar por algún sitio todas las ornamentadas frases en español que he leído, así que aquí estamos. A ver que pasa.
Bueno, como introducción creo que está bien.
Bisous bisous.
P.S. Dejo por aquí mi primera intervención. De momento.
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