Kiss me till the morning light, the morning light... Kiss me till the morning light...
El inglés también me gusta. Y también lo hablo, pero menos.
Por ejemplo, ¿qué significa downfall? No sé.
En fin, en cualquier caso... Felicidades a todos.
Chaussette
Sabía que podía desaparecer en cualquier momento de aquella estancia. En cuanto él hiciese de nuevo la cama, alisando todos los plieges, dejando dos bonitos cojines sobre ella tras ahuecarlos con tres palmadas, ella ya estaría un poco menos allí. Ya se sentía transparente.
Poco a poco él iría recogiendo su ropa desparramada. Comprobaría que no se encontraba ningún pelo rojizo entre sus pliegues y la reuniría toda en la cesta de la ropa sucia. A veces me imaginaba que era un calcetín e iba a parar allí entre sus idas y venidas. Me preguntaba que harían conmigo una vez descubriesen que era un calcetín impar. Tal vez tirarme. Tal vez ella, me tejería uno nuevo, con todo su cariño y su buena voluntad.
Pero sabía que lo más inaceptable de todo llegaría cuando se metía en la ducha. Ya estaba bajo el agua siempre que me iba. Escondiéndose de mí y escondiendo mis huellas. Champú, gel hidratante. Aftershave tal vez. Psé. Tendría que lavarse las hormonas de la sangre para borrarme del todo, pensaba yo en el ascensor. Invariablemente. Me miraba las manos. Las uñas rojas. Siempre justo antes de llegar al bajo.
Pero hoy había algo distinto. Algo que se le había escapado a la boca succionadora de evidencias. Un calcetín desparejado. Felíz San Valentín. Delicadamente perfumado. Tan absolutamente vulgar que nunca podría resultar inculpatorio. Bajo la almohada de ella. Y bajo la de él, de un tipo distinto. Azul marino, de esos de ejecutivo.
En la parada del autobús, observaba ausente el calcetín de hombre que llevaba en mi pie derecho.
"Samson came to my bed, told me that my hair was red..." (Regina Spektor)
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