viernes, 1 de junio de 2012

un deux trois o lo que Crimen me inspiró

Me dura tres veces.

La primera, es la más larga. Se me agarra a los tobillos y los junta. Mira por entre mis piernas diciendo cosas que no entiendo y se ríe mucho rato.

Yo miro. Como desde una lupa. Tampoco es que vea nada, pero necesito mirar. Llenarse de asco y de duda podría ser el objetivo concreto de mi actividad pero tampoco estoy segura.
Sólo sé que miro.

Trago un poco de saliva y siento cosas en el estómago. Nos son mariposas, son más bien como pisaditas de gato. Pequeñas almohaditas arriba y abajo, que a veces me aprietan también el pecho.

En este momento concreto, podría respirar más rápido o más lento, es una cosa a mí elección. Cuando las pisadas terminan sé que la primera vez se está acabando, y entonces ya no podré respirar como quiera.

Cuando la presión entre las costillas y las venas crece se acerca lo siguiente. Es rápido y duro. Es como un golpe seco, pero que luego origina muchas vibraciones y reverberaciones en toda la carne que me cubre los huesos. Ahí ya no puedo mirar más. Los párpados se convierten en cuatro llaves, que me cubren de demasiado asco y demasiada duda. Y mis dedos son como agujitas finas que intentan atravesar todo lo que se encuentran.

Aunque esta sea más corta es la que menos me gusta. Creo.

Luego no sé. Hay como un segundo en vilo. Un segundo gigante y todo se vuelve rojo y blanco. Que es como decir que todo se vuelve rosa. Aunque no del todo. El rojo y el blanco nunca se mezclan del todo.

Será porque son cosas distintas.

Y esa sería la tercera. La menos limpia. Así, las tres están ya escritas.