Pongamos va por Alberto Aguilera, sí, el mundial es en España y la final se juega en Madrid y el tío va corriendo por esa calle. Y nadie que se le cruza piensa ni por un momento que es ese tío que corre como alma que lleva el diablo al Bernabeu porque llega tarde a la final que su país juega. Es un pieza, el súper goleador, pero también es al que la gente que le hubiera reconocido está toda hacinada en algún sitio con televisor esperando a que dé comienzo el partido de sus vidas. O en el mismo estadio. Allí están todos nerviosos como si fueran a pisar el césped. Seguro que es un día extrañamente caluroso, y la gente se abanica con las entradas mientras oye la música de fondo, y las conversaciones son tenues porque todos están con la mente puesta en El Partido. Mientras Ese Tío, corre.
Su puta madre porque no va a llegar. Pero qué es lo excepcional de toda esta escena. No lo son las expectativas truncadas de toda la gente que se aprieta bien consciente del calor que hace. Tampoco las de los compañeros de equipo. Lo bueno de esto es que éste tío, está perdido. Es el peor momento de su vida para perderse. Pero lo está. Ése tío se mea en ti porque tu tienes facebook de llavero y él está perdido. No sabe a dónde coño tirar. No conoce este puto idioma y el país está paralizado, no hay un puto taxi en la ciudad. Es el primero que en un área superpoblada encuentra la forma de desaparecer, de deslizarse entre todas las redes salvavidas que nos sujetan cuando no hacemos pie y cuando sí también. Él de repente está en un vacío legal. El fallo de Matrix. No sé, si alguna vez ves a un tío correr como a su vida, vuelve la vista atrás y espera tener un deja vú. Sólo por si acaso. Piensa que tú podrías ser el primer tío en reconocer a ese tío que todo el mundo conoce pero que nadie reconoce.
¿Brillante no? Ahora, después de haberte explicado la historia te la puedo contar. Estoy segura de que no la hubieras pillado ni de coña:
Yo iba por la calle un día caluroso de la hostia. Me estaba cagando en todo porque no encontraba el mechero y de pronto oí a alguien que se acercaba, mi primer instinto fuel el de pedirle fuego, pero en seguida me di cuenta de que venía corriendo. Me pasó como una exhalación y ni siquiera se disculpó por haberme dado un empujoncito. Seguro que iba al partido. Putos fanáticos.
Aunque no pude resistirme a mirar un momento para atrás, a ver si en realidad huía de algo, pero no vi nada.
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