domingo, 18 de marzo de 2012
La Teogonía: Tres desgracias para los tres hermanos
I
Tú, el que piensas antes, ¿qué has venido a decirme? En los párpados se aprecia tu arrogancia y soberbia, la firme creencia en la traición a tus hermanos, no una sino dos veces. ¿Qué esperas de mí, el rey de los truenos, los rayos y los relámpagos? A mí debe obediencia el rey del Tártaro, al igual que aquel que atraviesa las constelaciones para traernos los Días. Si bien sabes, que en su carro de fuego yo maté al hijo de éste por deber y no por gusto, ¿cómo esperas que no venza el dolor de mi corazón para castigarte a tí, heredero del Cielo y de la Tierra? Si apenas puedo reprimir mi furia mientras veo luces allá a lo lejos en esta noche oscura, pensando lo que antepones a nosotros, a los que tú eres más semejante. Pero también ellos recibirán su castigo y tú vivirás para ver la desgracia acaecer sobre sus hombros, con las manos de Hefesto a tu espalda, y tu destino será la sangre y la regeneración eternas y tras de tí sólo habrá roca y ante tí solo habrá abismo, y será así la soledad parte de tu condena.
II
Que reciba ahora el que piensa después esta ofrenda del seno de todos los dioses. Que contemple su belleza y se regocije en ella y ya no recuerde las palabras sabias de su hermano. El Regalo de Todos sin duda será recibido y todos caerán bajo el influjo de las que son semejantes a las diosas. En su amargo no poder encontrarse, ambos sucumbirán a la pena y a la furia y ese será mi castigo para ellos, los que arañan a Gea.
III
Tú, el primero de los que se han levantado, nunca serás lo suficiente grande para imponerte ante mí, dios de dioses. Tu frente se cubrirá de sudor soportando el peso de la gran bóveda sobre tus hombros y así tu grandeza será bien aprovechada por fin. Y así permanecerás, como el mayor pilar, al lado del jardín de tus hijas, y contemplarán ellas el esfuerzo en que habrás de permanecer por culpa de tu ambición.
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